Villaggio di Alberto. Una vida breve, una huella duradera.

Cuando todos te digan que es imposible, entonces será posible.
Una historia verdadera,
hecha casa.
Villaggio di Alberto nace de una experiencia real, vivida, que transformó el dolor en responsabilidad. Es un lugar que toma forma en el recuerdo de Alberto Lerza, y en la certeza de que una vida breve también puede dejar una huella duradera.
Cuatro puertas,
una sola casa.
Cada pilar vive de los demás. Los jóvenes de la comunidad cocinan en el restaurante, los talleres ofrecen sus espacios a los demás servicios, los niños del verano se encuentran con quienes habitan el Villaggio todo el año.
Acogida residencial de menores
Hay niños que atraviesan mares y fronteras llevando consigo solo el nombre. Aquí encuentran una cama propia, un tiempo lento y alguien que aprende a pronunciarlo bien.
EntrarRestaurante-escuela
No un taller ficticio. Un restaurante de verdad, abierto al público, donde los jóvenes de la acogida aprenden una profesión sirviendo a personas reales, en tiempos reales.
EntrarTalleres inclusivos
Espacios abiertos a quienes suelen quedarse fuera: personas con discapacidad, personas mayores solas, jóvenes de la acogida, niños del barrio.
EntrarVerano de los niños
Para que los niños del territorio crezcan sabiendo que la palabra amable no es debilidad. Es lo más fuerte que tenemos.
EntrarCinco verbos,
una sola dirección.
El Villaggio no es una suma de servicios: es un ecosistema vivo. Estos son los verbos que lo mantienen unido, las acciones cotidianas que dan sentido al proyecto.
- Acoger
- Una casa firme para quien no la tiene.
- Cuidar
- Acompañar hasta el último aliento, con presencia.
- Educar
- Transmitir oficios, vínculos, valores.
- Incluir
- La diferencia como riqueza, no como límite.
- Devolver
- Dignidad y futuro a quienes los han perdido.
El Villaggio
no existe aún.
Existe como proyecto, como idea compartida, como responsabilidad que hemos decidido asumir. Para construirlo de verdad, piedra a piedra, buscamos a quienes quieran estar desde el primer día: personas, fundaciones, socios institucionales, entidades que crean que vale la pena intentarlo.
El primero que dice «aquí estoy» no sostiene una idea: la trae al mundo.
Los datos de quienes acogemos
nunca salen del Villaggio.
Los planes educativos de los menores y los datos sensibles del Villaggio viven en un pequeño servidor cerrado con llave, dentro de nuestros muros. Cifrados. No accesibles desde internet. Ni siquiera por nosotros, salvo en la red local y con autenticación fuerte.
No es una elección técnica: es una promesa que hacemos antes de acoger a nadie. Aquí la tecnología sirve al cuidado, nunca al revés.