Una casa para quien ha llegado solo.
Hay niños que atraviesan mares y fronteras llevando consigo solo el nombre. Aquí encuentran una cama propia, un tiempo lento y alguien que aprende a pronunciarlo bien.
La acogida residencial recibe a menores no acompañados en un entorno doméstico, con educadores presentes día y noche, mediadores culturales, apoyo psicológico y un plan educativo individualizado construido junto a cada joven. No es un centro de tránsito. Es una casa, con horarios de comida, deberes por la tarde, discusiones sobre la playlist y fiestas de cumpleaños. La duración de la acogida sigue la necesidad, no el trámite. Cada joven recorre un camino que incluye escuela, inserción deportiva o artística, prácticas en los talleres y en el restaurante-escuela del propio Villaggio, porque el primer oficio se aprende en casa, no fuera.
Cuatro modos
de habitar
este pilar.
Cada pilar se hace de prácticas cotidianas, no de lemas. A continuación, cuatro gestos concretos que encontrarás al cruzar el umbral.
Acogida 24/7
Educadores residentes, turnos nocturnos, presencia estable que da confianza.
Planes educativos individuales
Un camino a medida para cada joven, revisado periódicamente con el equipo.
Mediación cultural
Apoyo lingüístico y cultural para quienes llegan de otros países.
Puente hacia la autonomía
Escuela, prácticas internas, acompañamiento hasta la mayoría de edad y más allá.